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En Crozon (Bretaña), un bibliotecario llamado Jean-Pierre Gourvec, decide albergar todos los manuscritos que han sido rechazados por los editores. Esto no es ninguna originalidad ya se había hecho en la  Brautigan Library en Vermont. Nuestro hombre un amante empedernido de los libros adaptará el modelo americano a la localidad bretona. (El americano es real, el de Bretaña es producto de la imaginación de Foenkinos).

Delphine, una joven editora de Crozon, y su marido Fredéric, un escritor fracasado, están pasando las vacaciones con su familia en el pueblo, descubren la existencia de esa biblioteca tan peculiar, se acercarán a ella y hallan un manuscrito llamado: “Las últimas horas de una historia de amor” que les parece una autentica maravilla.

Indagando en la historia del libro, parece ser que lo escribió un tal Henri Pick que regentaba una pizzería en la localidad. Cuando van a visitar a su mujer Madeleine, esta les dice que su marido está muerto, que jamás le había visto leer y menos escribir ni una sola página.

La editora se  lanza a la publicación del libro que se convertirá en  bestseller y  cambiará la vida a muchas de las personas relacionadas con él. La hija del autor que recibe tras la publicación del libro la visita de su exmarido. ¿Pero cuáles son sus intenciones?

La bibliotecaria que continua al frente de la biblioteca desde la muerte de Jean-Pierre Gourvec, verá su tranquila vida tambalearse cuando aparece un joven a depositar un libro.

Un crítico literario en horas bajas al que le parece todo un poco extraño acude a Crozon a investigar quien era ese escritor desconocido que ha sido capaz de escribir esa novela tan mediática en torno a Pushkin, autor poco leído en Francia, allí se enterará por medio de una carta del padre del supuesto escritor a la hija, que algo raro pasa con el libro.

El pueblo se convierte en un hervidero de turistas y de escritores que no han tenido éxito con su obra que ven en la biblioteca una oportunidad de un alentador futuro.

La biblioteca de los libros rechazados nos relata un fenómeno habitual en nuestros dias la proliferación de escritores, en ocasiones tantos como lectores, la cantidad de manuscritos que llegan a las editoriales y que en ocasiones no son leídos por carecer de interés y la autopublicación que nos lleva a tiempos de Proust.

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