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Subir a la tabla, nadar con ella, pillar la ola y deslizarte con soltura soltando adrenalina por todos los poros de tu cuerpo, eso es lo que siente Simon Limbres antes de subir con sus amigos en la  camioneta tras una mañana de surf. Después, la muerte cerebral, chocan contra un árbol y mientras sus amigos sobreviven Simon, un joven de 18 años se queda en coma y es el donante perfecto, ahora es el momento de coger los órganos, hablar con la familia, intentar convencerlos, apenas hay tiempo  y da la impresión que se está mercadeando un poco con el tema o esa es mi sensación.

Y salvar, tal vez, una vida o varias, puesto que en la donación de órganos puedes donar todos los órganos sanos que tiene tu cuerpo, ahora viene lo duro, hablar con los padres, pero no es el cirujano eminente quien hablará con Marianne y Sean, padres del joven que se encuentran en estado de shock, sino que para ello esta Thomas Remige, enfermero especialista en trasplantes, rara avis, que es capaz de gastarse tres mil euros en un canario y que tiene la capacidad de empatizar con la familia, es quien debe convencer a los padres, enfrentarse al conflicto. La situación no es fácil, el padre en un principio se opondrá y la madre parece que acepta pero cuando le hablan de los ojos, es como si le estuvieran robando a su hijo por completo, porque al fin y al cabo el corazón, los riñones, el hígado etc, no los vemos, pero los ojos sí, y pueden recordar tantos momentos…

A partir del instante en el que los padres acceden tras hablarlo, se mueve una burocracia hospitalaria de teléfonos en todos las ciudades del país, receptores de todo tipo, aunque con un chico joven los receptores ideales serán los niños, con quien más se recrea Kerangal es con la mujer que va a quedarse con el corazón.

El tema de la donación de órganos creo que es un tema difícil de tratar, a pesar del éxito del libro a mí no me ha conmovido en absoluto nada de él, me ha parecido una especie de documental en el que se habla mucho de médicos y en ocasiones no de su valía, sino de su fama, de los modelitos que se gastan y en que gastan el dinero, vale que los médicos son personas normales y corrientes como todo el mundo, pero la autora creo que frivoliza tanto a los pacientes, como a los familiares y los médicos y por supuesto los amigos del joven ni aparecen, podría haber sacado partido del tema, como les afecta.

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