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maigretEn seis meses, cinco mujeres han sido asesinadas en Montmartre, pero no hay una sola pista que permita descubrir al asesino. Tras conversar con un renombrado psiquiatra, Maigret sospecha que los crímenes esconden una psicología demencial y difícil de descifrar.

La dificultad de la investigación estriba en que las mujeres no tienen nada en común entre si, van desde una modista, un ama de casa, una mujer de la vida, una comadrona y una empleada de correos, las edades oscilan entre los 24 y los 52 años y las procedencias son variadas. Lo único que tienen en común es que todas vivían o trabajaban en Montmartre y el asesino utiliza el mismo modus operandi en todas, las apuñala con una navaja y les rasga el vestido.

Ante esta situación Maigret va a tender una trampa, pues llevan tiempo en un callejón sin salida, son famosas sus reuniones con sus colaboradores de varias horas cuando están cerca del asesino, para ello cogen a un falso culpable, en este caso un policía que irá cubierto y le harán pasar delante de la prensa para que piensen que ya tienen un sospechoso y saquen la noticia al día siguiente. Tal vez anunciar el arresto de un falso culpable incitaría al criminal, pondrán todos sus efectivos en la calle, unas cuatrocientas personas tienen un papel que interpretar y usa a las mujeres de los cuerpos auxiliares que ejercen de cebo ante el hombre, sobre todo aquellas que tienen un físico parecido a las asesinadas, un poco entradas en carnes.

La trampa surgirá efecto aunque se les escapa el sospechoso y la joven policía está un poco asustada pero es capaz de ofrecer algunas pistas y ha arrancado un botón del traje del presunto asesino lo que será fundamental para la investigación.

En esta nueva entrega del comisario Maigret, Simenon disecciona la terrorífica figura del asesino en serie, incorporando, de forma magistral, claves psicológicas.

 “Maigret es un arquetipo: los inspectores del género nacen a su imagen y semejanza, como los detectives a la de Sherlock Holmes. Pesado, serio, pesimista, tragón y gruñón, Maigret no es un personaje sino una persona. Sus casos son naturalistas y a menudo sórdidos, pero literariamente irresistibles: nadie menos luminoso que él y sin embargo da a luz una forma ambigua de justicia. Los criminales quieren engañar a la sociedad, la tarea de Maigret es desengañarnos aunque nunca nos deje tranquilos”.
                                                                       Fernando Savater,  El País

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