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senoritaelse«La verdad es que soy una “snob”. Papá también lo cree así y se ríe de mí. Ay, querido papá, me preocupas mucho. ¿Habrá engañado alguna vez a mamá? Seguro que sí. Varias veces. Mamá es bastante tonta. De mí no tiene ni idea. Y otras personas tampoco la tienen.» Quien así habla es Else T., una joven de diecinueve años, despierta e inquieta, que pasa unas apacibles vacaciones de verano en un hotel de la frontera austroitaliana junto con su tía Emma y su primo Paul, hasta que la llegada de una carta de su padre rompe de modo irreversible la armonía un tanto crepuscular de su entorno.

A través de un monólogo interior, la en apariencia frívola Else nos narra la llegada de una carta de su madre en la cual le pide que solicite treinta mil florines al señor Dordsay, el cual esta pasando unos días en el mismo hotel que ella, puesto que nadie (ni familiares, ni amigos) les va a prestar dinero para saldar la deuda que ha contraído su padre, y si no la paga lo más probable es que ingrese en la cárcel.

La están incitando para que haga lo necesario con el fin de conseguir el dinero, se deja entrever en la historia que su madre la utiliza como una mercancía de cambio para salvar la deuda de su padre.

A partir de aquí surgen dos diálogos de la propia Else, en uno les reprocha a sus padres que le obliguen a hacer eso y en el otro se plantea como puede llegar a solucionar el asunto, si se siente capaz, algo que en ese momento parece muy lejano.

Con una medida drástica la novela nos conduce a un final dramático, pero el que a la protagonista le parece más digno. Porque con lo que están jugando es con su dignidad y honestidad.

La señorita Else refleja la sociedad austriaca de la época, en la que las mujeres ocupan un papel secundario. En ocasiones el papel de la propia Else, tan snob, como ella se define, te pone de mal humor, pero al final de la historia es una joven como otras que tiene que sucumbir a los deseos del entorno y de la familia.

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