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lucybartonUna madre y una hija que charlan en un hospital tras muchos años sin verse, durante cinco días y cinco noches. Esa hija que se esta recuperando de una operación aparentemente sencilla en la que han surgido complicaciones y esa madre que ha acudido llamada por su yerno, después de que la familia renegara de él por tener familiares alemanes o “nazis”, porque todo en la vida de Lucy tiene cierto sentido pero a los demás les cuesta entenderlo.

Aunque han pasado años sin verse retoman la conversación como si hubieran estado hablando ayer, recuerdos de gente del pueblo de Illinois en el que vivían y ante todo el trasfondo del cariño que se profesan.

En esos días en el hospital Lucy hace un repaso por su vida, sus amigos, los pocos que tenia en el Village, tales como Jeremy o Moma. Recuerda su vida en el pueblo, una vida cargada de miserias con dos hermanos que se han quedado anclados allí, más ella tomo la decisión de seguir adelante con su vida, acompañada pero en las más de las ocasiones sola.

En este momento quiere relatarle a su madre como ha sido su existencia, sus amigos, pero su madre no es capaz en ocasiones de enfrentarse a tanta sinceridad, se plantea si fue una buena madre o si sus hijos vivieron en unas condiciones precarias. De hecho en el pueblo los niños les decían que su familia daba asco o cuando su profesor en una ocasión al estar todas las sillas ocupadas dijo: “Pues siéntate en el suelo, Lucy”. Hija de una modista y un padre sin trabajo fijo, vivían en un garaje. Hubo muchos momentos de dolor y soledad para Lucy en su infancia de los que sus padres no tuvieron constancia, como cuando la castigaban en aquella camioneta.

Ahora Lucy se ha convertido en una escritora que comenzó escribiendo relatos que le publicarón en una revista y emprende la escritura de una novela que tiene que ver con su vida, acude a un seminario de la escritora Sarah Payne, a la cual le muestra su manuscrito, la cual le dice que es una buena historia pero que tenga cuidado cuando une “pobreza y maltrato”.

Lucy es una mujer sensible que se ha casado ha tenido dos hijas y una vida llevadera, aunque ella misma no sabe en ese momento si ha sido plena o no, añora a sus hijas en el hospital y en ocasiones parece una mujer carenciada que se aferra a todo aquel que le muestra un poco de cariño, como es el caso del médico del hospital o aquel profesor del instituto que paro los pies a los alumnos cuando era una adolescente diciendo que todos eran iguales.

Narrada en primera persona, con capítulos breves, Strout retoma otra vez el tema de las relaciones materno filiales como ya hizo en Amy e Isabelle, novela bastante superior a esta.

«Sólo tendrán una historia. Escribirán esa única historia de muchas maneras. No se preocupen por la historia. Sólo tienen una», decía Sarah Payne en su taller.  En ocasiones creo que esto lo sabe hacer Elizabeth Strout a la perfección.

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