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hermanoEn el Londres de los setenta todo parece posible para una chica elegante y moderna como Katherine, quien al poco tiempo de comenzar sus estudios universitarios entra en contacto con Jacob Goldman, un carismático profesor de filosofía que no tardará en presentarle a su familia.

Hay alguna cosa en esta novela que me rechina, me falla, aunque la novela es entretenida y está bien escrita, pero no sé si será mi percepción del mundo o cualquier otra cosa, que la forma de ser de esta familia no me parece simpática o con la que fuera fácil de conectar sino que en muchos casos me parecen una panda de esnobs, sobre todo la madre y el hijo Roger, vestido de Oxfam, pero que pronto veremos que lo de Oxfam es mucha apariencia juvenil, aunque en la madurez sale por unos derroteros más peligrosos como es la religión.

Para mí al margen de la familia a la que la autora quiere dar un gran protagonismo, presentándola como algo de lo más “chachi”, en la que los padres dejan vivir libres a sus hijos, menos a sus favoritos a los que si no obedecen, su mamá les amenazará con controlarles la vida e incluso en un tiempo comprar su libertad con dinero. Esta claro que la matriarca de la familia, Jane, a la que tanta devoción tiene Katherine, en mí no despierta ninguna simpatía.

Katherine, a la que los miembros de esa familia han tratado de manera desigual, Jacob y Jonathan siempre la han ensalzado, mientras Roger la ninguneó y la abandonó, lo que hizo que esta se marchara a Roma donde su vida se enriqueció, e incluso un fascista con el que tuvo un romance aunque no comulga en absoluto con sus ideas, está convencida que la quiso más que el miembro del gran clan.

Me hace gracia como la autora mira con superioridad a los ingleses y el mundo anglosajón comparado con los países mediterráneos, tal vez esto también me ha molestado de la historia, si hay algo en que les ganamos de largo es en la comida. Trapido pone a los italianos como gente que come fatal y un país que poco más y todos son una panda de subdesarrollados. Creo que no ha sabido cogerle el sabor a algunas cosas, así como a otras cosas sí, como cuando habla del catolicismo y la religión. En el fondo los meridionales somos muy creyentes, pero nos lo pasamos todo por el forro, mientras que los anglófonos se lo toman más en serio cuando entran en el tema.

Desde luego la novela no esta exenta de temas polémicos, pero yo en alguno de ellos no coincido, no con la chica, sino con la familia un tanto chiflada, por decir algo, particularmente su chifladura me crea desidia.

Algo que me aburre mucho es como se ven las bondades de las familias ajenas y se magnifica, y se minimiza mucho el valor de la propia, que es lo que hace Katherine. Esto es muy frecuente en la realidad no solo en la ficción.

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