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ugo cornia romna.cdrRoma es ante todo un canto al optimismo, pero lo mismo que se llama Roma se podía llamar Módena o cualquier lugar en el que viviera nuestro protagonista. La novela comienza en la década de los 90, en el 95 perderá primero a su madre y el empeño de su padre es que estudie en la universidad lo que no pudo hacer él, se pondrá a repartir tarjetas del censo, un trabajo que le gratifica tanto que es capaz de renunciar a todo lo demás por cogerlo, su segundo trabajo será como lavaplatos en Módena a media jornada para contribuir a la economía doméstica. Con todos los trabajos se sentirá feliz, paseará por Módena su ciudad natal como si la vida le fuera en ello repartiendo esas papeletas y después de trabajar como lavaplatos siempre tiene momentos para el compadreo con los compañeros. tendrá otros trabajos como archivero, asistente fiscal, todos se los toma de la misma manera: una forma de subsistencia para poder disfrutar la vida que el desea que es la contemplación del mundo y de su entorno, sus largos paseos…

Por fin le ofrecen un trabajo en Roma, llega a la gran ciudad a casa de unos familiares lejanos y su actitud sigue siendo la misma, empieza a trabajar en una gran empresa, algo que es su mera subsistencia ahora traslada sus paseos a Roma y empieza a relacionarse con las mujeres, con las que tiene en ocasiones relaciones de lo más variopintas, seguirá practicando las conversaciones con los compañeros por las noches y disfrutará de la vida en la medida de lo posible.

La novela narrada en primera persona, nos está relatando a su vez circunstancias de la época, como la precariedad del empleo, los problemas que vivía el país en el momento. Y a mí me hace plantearme si todos nos deberíamos tomar la vida como el protagonista de Roma y disfrutar un poco más de ella en determinadas situaciones.

El narrador en primera persona de  Cornia, su protagonista, nos ofrece aquí una especie de vitalismo tímido, un  candor naturalmente hostil ante los prejuicios y la generalización; un humor  que en sus manos se convierte, de tan afilado, en un bisturí.

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