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inocenciaEn torno a una respetada familia de clase media, símbolo de armonía familiar, gira la apacible vida del Masnou, un pueblo de la costa cercano a Barcelona, en la primera década de la postguerra. Carlos, el protagonista, vive inmerso en este mundo plácido y sin fisuras aparentes. Sin embargo, los rencores, la violencia, la represalia política y la brutalidad sexual empiezan pronto a corroer esta imagen idílica. Para Carlos emerge entonces la sórdida realidad de una tragedia que acabará por devorar al pueblo y, con él, a la dinastía de los Oria.

En vez de hacer la reseña, hoy os dejo la nota del autor que es muy ilustrativa del libro, el cual en pocas páginas retrata una España de la posguerra bastante perversa.

NOTA DEL AUTOR

He escrito más de una vez que a mi generación -que es como decir a mi país-le ha tocado vivir una historia que no merece. Esta historia que prefiero imaginar como una novela y que está narrada desde la pureza. Todo ha ocurrido de verdad y ha necesitado de la ficción para hacerlo soportable, como si los hechos que ahora narro fueran producto de la imaginación o de una pesadilla de la que nos liberamos al despertar. Los personajes tienen nombres distintos, pero son reales, como los hechos que vivieron y que yo he transformado para hacer más real la realidad. Y la realidad fue ésta: un niño de clase media que aprendió a leer con la madre Milagros en el colegio de las madres escolapias del Masnou para pasar luego a un colegio laico, la academia Balmes, donde tuvo a un profesor excelente que lo quiso de un modo que sólo el tiempo reveló como perverso. Como era perversa la presencia atemorizadora de los falangistas que paseaban impunemente su chulería por el Camino Real, y, sobre todo, como lo fue el silencio ante lo que ocurrió en el entonces número 25 de la calle Fontanills. Porque nadie en aquel pueblo se atrevió a denunciar que era un centro de pederastas. Incluso cuando estalló el escándalo siguieron ignorando lo que pudo ocurrirles a sus hijos y, cuando cerraron el colegio, expresaron en una instancia su preocupación por las consecuencias negativas que ello podría tener para los alumnos y para los padres, obligados a comprar nuevos libros de texto. «Es por todo ello que nos permitimos sujerir [sic] a esta Junta que, al menos mientras dure el presente curso escolar, autoricen al resto de los profesores de la academia Balmes, de los cuales no tenemos queja de ninguna especie, para que, en los mismos locales o en otros, sigan ocupándose de la labor docente que han venido desempeñando hasta el día a favor de nuestros hijos».

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