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instrumental-james-rhodesInstrumental es la mejor autobiografía que he leído y el mejor libro a la hora de hablar de música clásica, lo hace de una manera entretenida y comprensible al lector, no esas biografías encorsetadas de grandes compositores que en muchas ocasiones son tan pesadas que consiguen que las abandones.

El libro tiene dos ejes principales, su vida y lo que le salvo de esa vida: la música. Ambos me parecen atractivos pero sobre todo el tema de la música me parece que esta tan bien tratado, que hace que quieras escuchar todas las composiciones que aparecen en el libro. El tema de los abusos ha dado lugar a que el libro haya estado prohibido en Inglaterra, algo que me parece un poco mojigato, si la persona que los ha sufrido los quiere relatar. Tal vez a algunas personas no les guste del libro el vocabulario que usa Jimmy cargado de tacos, pero en este caso a mí no es algo que me moleste, creo que es su forma natural de expresarse y esta en su derecho en maldecir este mundo, y narrarnos algunas de las cosas que ocurren en su país y que la sociedad las ignora como es el caso de los cortes con cuchillas entre la población, algo que en Inglaterra es bastante frecuente, los centros psiquiátricos en algunas ocasiones tan poco avanzados, del poco dinero que se dedica a la enseñanza de la música, porque la música siempre ha sido la gran olvidada dentro de las asignaturas, a pesar de ser tan poderosa y conmovedora.

En un tiempo tocaba el piano como Rhodes, no como él por supuesto, yo era una mediocre a la que no le gustaba tocar nunca delante de nadie, el piano era una cosa mía, era una especie de refugio. Mi sinfonía favorita de Bethoveen también es la séptima como la de Rhodes, aunque no comparto tanto su gusto por la tercera. Detesto a Czerny tanto como lo minusvalora Rhodes porque hice tantos ejercicios de mecanismo con Czerny que los dedos corazones de las manos los tengo totalmente torcidos. Mas cuando habla de Schumann, Schubert, Ravel,  Bach, Mozart, Rachmáninov, Prokófiev, y todos los compositores que menciona y oigo su música bien interpretada se me ponen los pelos como escarpias, porque la música clásica me llega al corazón como a todos los que la aman, me fascina tanto el requiem de Mozart como el menos conocido de Fauré y sobre todo su Cantique a Jean Racine. Entiendo que Rhodes encontrará su salvación en la música. Es mas no llego a perderse en los mundos de la droga y el alcohol que hubiera sido lo sencillo, tal vez lo que hubieran hecho otros en su situación. Dentro de la desgracia tuvo suerte, contó con grandes amigos y buenas mujeres a su alrededor y un hijo, que han hecho que se convierta a sus treinta y pico años, ahora ya cuarenta en uno de los concertistas importantes de este siglo. Además de su talento porque a los treinta años no es tan fácil tocar el piano como cuando eres un niño después de abandonarlo durante diez años, sé de lo que hablo.

Yo me quito el sombre ante James Rhodes, aunque a muchos les parecerá un enfant terrible a mi me parece un hombre cabal, que dice las cosas como las piensa y una de las verdades que nos narra es que tiene pocos amigos, porque lo cierto en este mundo es que aunque a veces presumamos de la cantidad de amigos que tenemos, a la hora de la verdad son pocos los que están presentes en los momentos difíciles. El libro es tan brutal como conmovedor.

Mi gran aplauso a James Rhodes por ser tan valiente y publicar esta autobiografía y a Blackie Books por editarla, pues ha sido la apuesta más grande que han hecho por un escritor, de verdad ha merecido la pena, ya que es uno de los mejores alegatos sobre la música que he leído jamás. Imprescindible para todo el público y mucho más para los amantes de la música. Rhodes ha hecho que la clásica no sea una música de minorías.

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