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netsukeSinopsis: «Aislado, al margen de toda sospecha, el dolor de los otros me proporciona placer y sustento. La carnalidad de los demás. Las idas y venidas incesantes de la marea formada por la inconstancia, la negligencia, la cobardía de los humanos.

No he sido yo quien ha inventado mi profesión. Lo que quiero decir, más o menos, es que la he heredado. Llevo desde la infancia deambulando por sus laberintos. No conozco otra forma de vivir, cosa que lamento con frecuencia. Mi profesión constituye la extensión inevitable de mi dilema íntimo y personal; algo letal, sin lo cual, no obstante, perecería.¿Me atreveré a revelar la naturaleza de mis investigaciones, convencer al mundo de que esta obra mía reviste un auténtico valor, de que no está marcada por la perversidad, de que no es “delictiva”, sino que surge de una auténtica ternura, sí, de que la inspira, la conforma, la impulsa el amor? Si mi investigación parte sin ambages de la pulsión erótica, ¡también resultará, y no podría ser de otro modo, profundamente filosófica! ¿Por qué no puede la lujuria ocupar un lugar central en la investigación psicológica?

Y si dicen de mí que soy el marqués de Sade de la psiquiatría… ¿qué más da? Algunos me odiarán, otros me venerarán.»

Netsuke nos conduce por la perversión del psicoanálisis. Un psicoanalista enfermo que comparte la enfermedad con sus pacientes. Atraviesa todas las barreras posibles y se acuesta con ellos, hasta que la relación se desvirtúa tanto que se obsesiona con alguno de ellos, es el caso de la denominada Mutiladora y un hombre con doble personalidad al que denomina Gelatina.

Nuestro peculiar psicoanalista esta casado desde hace diez años con Akiko, una artista de collage japonesa (no podía ser menos, todo en él tiene que ser algo exótico, como su afición a los netsuke) mas su matrimonio es una total contradicción, en ocasiones se siente culpable por lo que hace y en otras su conducta desequilibrada aumenta, y para no levantar sospechas ante su mujer, decide abrir otra consulta en el centro de la ciudad, puesto que la actual la tiene en su casa.

La vida del psicoanalista se moverá por un terreno cada vez más peligroso, en el que nos plantearemos si el que verdaderamente necesita el psicoanálisis es él.

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